Al este se puede encontrar a Vichuya, en el valle de Lurín. El valle del río Rímac también tiene lo suyo: Canchacalla, a la altura del kilómetro 46 de la carretera Central, es sede de cursos de escalada desde hace varios años; Infiernillo, en el kilómetro 67 de la misma ruta, es quizás uno de los más accesibles y exigentes del país.
Siguiendo la costa sur por la carretera Panamericana Sur, se encuentran los acantilados de roca sedimentaria de Bikini (kilómetro 45), La Tiza (kilómetro 60) y Paracas (kilómetro 250), todos de cara al Pacífico y sobre rompientes que añaden un toque de aventura a una actividad de por sí riesgosa.
La región andina, por su parte, cuenta con excelentes formaciones rocosas idóneas para la escalada como Cumbemayo, en las afueras de Cajamarca; el bosque de piedras de Tinajani, en Ayaviri, Puno; las paredes de la quebrada glaciar de Llanganuco, en Ancash; y las formaciones pétreas del santuario de Huayllay, en Pasco.